Santo Domingo, República Dominicana lunes, 2 de noviembre de 2026
Familia

Casi la mitad de los hogares dominicanos ya tiene una mujer al frente: lo que dicen los datos y lo que la iglesia puede hacer

jueves, 15 de octubre de 2026 · 4 min de lectura

Casi la mitad de los hogares dominicanos ya tiene una mujer al frente: lo que dicen los datos y lo que la iglesia puede hacer Resumen: La ENHOGAR-MICS 2025 confirma que el 44.7% de los hogares del país está encabezado por una mujer, con más educación que los hombres en la misma condición. Pero los datos de UNICEF sobre la crianza muestran un desafío urgente que la iglesia no puede ignorar. La fami

Casi la mitad de los hogares dominicanos ya tiene una mujer al frente: lo que dicen los datos y lo que la iglesia puede hacer

Resumen: La ENHOGAR-MICS 2025 confirma que el 44.7% de los hogares del país está encabezado por una mujer, con más educación que los hombres en la misma condición. Pero los datos de UNICEF sobre la crianza muestran un desafío urgente que la iglesia no puede ignorar.

Familia latina compartiendo un momento de alegría en el hogar

La familia dominicana ya no es la de hace veinte años. Según la Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (ENHOGAR-MICS 2025) de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), el 44.7% de los hogares del país está encabezado por una mujer. La tendencia es sostenida: en 2005 eran el 32.4% y en 2024 llegaron al 44.97%. En dos décadas, la brecha de género en la jefatura del hogar se redujo de 35.2 a 10.07 puntos porcentuales.

Y no se trata solo de cantidad, sino de capacidad. El 51% de las jefas de hogar posee estudios universitarios o superiores, frente al 43% de los hombres en la misma condición. La mayor incorporación de la mujer al mercado laboral, su nivel educativo y las transformaciones en la estructura familiar explican un cambio que ya redefine el perfil de la familia dominicana.

Los tipos de hogar que registra la ENHOGAR-2022 completan el cuadro: 24.1% biparental, 20.7% unipersonal, 16.1% monoparental, 15.0% extendido, 12.3% compuesto y 11.1% pareja sin hijos. Y entre los hogares encabezados por mujeres, el 34.8% es monoparental: una madre sola con sus hijos. Ahí está el corazón del desafío.

Porque criar —sola o en pareja— en un país donde la violencia sigue siendo un método de crianza es una carga enorme. UNICEF, con motivo del Día Nacional de los Derechos de la Niñez el pasado 29 de septiembre, denunció que el 54.9% de los niños dominicanos de 1 a 14 años experimentó algún método violento de disciplina, según la misma ENHOGAR-MICS 2025: el 37.9% recibió castigo físico y el 43% fue objeto de agresión psicológica; el castigo físico severo alcanzó al 2.5%, y entre los niños de 3 a 4 años la cifra sube al 61.4%. Lo más revelador: solo el 12.1% de las personas cuidadoras considera necesario el castigo físico para criar o educar. La mayoría no cree en él… pero lo practica.

Madre con sus hijos en el hogar

«Todavía existe una idea profundamente arraigada de que para que un niño respete hay que hacerlo sentir miedo», dijo Carlos Carrera, representante de UNICEF en el país. Y señaló el reto: demostrar, desde la familia, la escuela y la comunidad, que poner límites y ejercer autoridad no significa recurrir a la violencia.

Aquí es donde la iglesia tiene una palabra —y una obra— que dar. No se trata de señalar a las madres que crían solas ni de romantizar su carga: se trata de acompañarlas. Una congregación puede ser el lugar donde una jefa de hogar encuentre cuidado para sus hijos mientras trabaja, orientación para criar sin violencia y una comunidad que la sostenga en vez de juzgarla. Los datos dicen que estas mujeres ya están sosteniendo al país con su trabajo y su educación; la pregunta que nos toca responder es quién las sostiene a ellas.

Santiago 1:27 (Reina-Valera 1960) lo dice con claridad: «La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo». Cuidar a las familias que crían solas no es un programa social más: es el corazón de la fe que profesamos. Que los datos nos muevan a la acción.

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